¿Cómo puedo afrontar el dolor?

Para comenzar a afrontar el dolor hay que conocer primero cómo funciona y así los encuentros con él podrían ser más livianos. El dolor es una sensación de malestar subjetivo que se puede localizar en una parte de nuestro cuerpo, que puede ser más o menos intensa, causada tanto por algo externo, si por ejemplo nos damos un golpe, como por un sentimiento que nos aflige o nos causa sufrimiento (si perdemos a alguien querido).

Cuando sentimos mucho dolor o sufrimos, por ejemplo, con un dolor de muelas o si nos sentimos indignos, el dolor pasa a dominar toda nuestra atención y para nosotros es lo único que importa. A penas podemos recordar los buenos momentos que hemos pasado. Es como si se borrase el pasado y el futuro para ocupar toda nuestra vida, nuestra preocupación ahora es el presente, y el presente resulta inaguantable…

Esta peculiar capacidad del dolor de dominar tu atención, oculta su verdadera naturaleza. El dolor nunca es estático o permanente. Se da en oleadas. La mejor representación de la naturaleza oscilante del dolor es la aflicción. Una sensación de pérdida nos abruma, un sentimiento tan intenso que no se puede imaginar el fin. Pasado el tiempo, más adelante se va produciendo cierto entumecimiento, un periodo de calma y alivio. Pronto al entumecimiento le sigue otra oleada de pérdida. Y así sucesivamente: oleadas de pérdida, calma, pérdida, calma…

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Este es el ciclo natural del dolor, tan pronto como se alcanza la sobrecarga, se desconectan las emociones, dejas de sentir literalmente durante unos momentos. Estas oleadas van, con amplitudes más pequeñas y mayores períodos de descanso, hasta que al final cesa el daño o malestar.

Frente al dolor físico, el cuerpo responde igual. Si nos quemáramos por ejemplo en una mano de forma grave. La descripción sería: “dolor intenso que hace que quieras gritar, al rato percibes algo extraño. El dolor cesa unos instantes, unos diez o 20 segundos. Y luego vuelve a comenzar de nuevo. Esto se hace regular de forma que se puede llegar a anticipar los momentos en que remite el dolor. Entonces puedes descansar. Compruebas que puedes soportar el dolor porque sabes que existen esas pequeñas interrupciones”.

Tanto el cuerpo como la mente tienen mecanismos naturales que amortiguan el dolor por períodos, así tienes la oportunidad de recuperar el aliento. Entender el dolor va a significar anticipar esos periodos de reposo y utilizarlos para sentir las pausas del dolor.

Los sentimientos de malestar interior tienen exactamente las mismas oscilaciones que cualquier otro tipo de dolor. Aparecen tan intensamente que no piensas más que en escapar. Pero si afrontas el dolor, verás que pasa la oleada muy pronto. Has de recordar que has soportado este sentimiento antes y que sabes que pasará, no tienes que atacarte a ti mismo o a nadie más, porque pronto remitirá lo peor del dolor.

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Es importante que no te confundas por la rapidez con que percibes el dolor y cometas el error de pensar así: “va a durar siempre”, “no puedo soportarlo”. Entre las oleadas, puedes recordarte frases o palabras repetidas veces: “esto también pasará”, “yo sé que puedo esperar hasta que pase este dolor”, “esta sensación no tiene nada que ver con mi valor como persona”.

La mejor protección contra el dolor es poner distancia y para ello te propongo que hagas el siguiente ejercicio:

– Imagínate que estás en una barca y que has de atravesar una isla, tienes que navegar alrededor de ella. Y se produce una escena en la que ves una casa en llamas y a gente gritando…tú vas atravesando la isla y observas cómo va desapareciendo la escena de tu vista y de tu imagen…

Así vas rodeando el dolor, sabes que en unos instantes va a desaparecer y sólo has de esperar a que pase para salir del dolor, del mal. Pones tierra entre el dolor y tú, (mediante imágenes o palabras) y circunnavegas el dolor.

Si miras al dolor de frente y sin miedo te ayudará a fijarte en lo realmente importante, a razonar, a mirar con perspectiva y a conocerte en profundidad para acercarte a aquello que verdaderamente quieres.

 

 

Beatriz Muñoz
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Beatriz Muñoz

Psicóloga por vocación, apasionada de mi profesión y exploradora del ser humano. Descubriendo cada día algo por lo que motivar a las personas para que saquen todo su potencial. Experta en Inteligencia Emocional, Coach y Formadora.
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